Intentando narrar mi novela, me despedase de a poco, la mente se me había tildado, tal como ahora, paresco un no-muerto, mis relaciones amorosas parecen no llegar a ningún lado y qué te digo de las familiares, mis amistades ya no me inspiran y las personas que tantas sensaciónes fabulosas me aseguraban con solo una mirada se han reducido a ni notar su presencia o el hecho de no apreciar la conversación sin receptor que se desencadena cuando estamos juntos, es muy decepsionante.
Sinceramente la búsqueda de mi musa inspiradora a caducado ya hace tiempo remoto, demasiado tiempo como para comprenderlo desde mí punto de vista, el sueño acogedor me abraza y debilita, a pesar de saberme las presencias tan anheladas de mis amados, no me resisto al sueño o la oscuridad absoluta de la noche y de mis párpados róceos me otorgan al parpadear. Recuerdo su boca, era muy deseable pero de repente dejó de serlo, su voz me atraía como un imán, me dilataba las pupilas mirar sus ojos, y pensar en descrubrir su cuerpo bajo aquellas amplias ropas me estaba torturando.
Me era difícil aceptar lo que estaba experimentando, pues, meses después, esa ilusión tan hermosa y placentera para mí se transformó en la más agotadora de las visitas, la más brusca de las emociónes y sin querer, anunciaba el amor que había sentido en su rostro como si fuera verdadero.
Aún su aspecto demacrado y sosegado por la verdad me precigue, quizás nunca tendría que haberle dicho que lo detestaba, pero era así y si no o hacía era peor crearle falsas esperanzas y continuar con algo que no tenía futuro alguno. Ruidosas carcajadas se volvieron ecos en la habitacioón cuando lo rechazé y lloré al comprobar que el efecto se disipaba, pues, no fue por malicia, estaba muy nervioso y me sentía de lo más culpable, no obstante él me vio como un bastardo, manipulador y no volvió a hablarme.
Su odio me tranquilizó...
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